Publirreportaje | Manizales Resiliente: Un objetivo colectivo ineludible

hace 4 meses

Omar Darío Cardona A. IC Ph.D
Profesor Asociado IDEA, UNC, Manizales

Una ciudad es sostenible y competitiva sólo si logra ser una ciudad resiliente

Desde su fundación, Manizales, como resultado de la decidida intención de sus gentes, de aprender a enfrentar y convivir con las características de su exigente entorno natural, ha logrado -cuando se habla de resiliencia urbana- posicionarse paulatinamente como un referente nacional e internacional. Esa “resiliencia” o capacidad para resistir, absorber y anticiparse a eventos severos, con las menores consecuencias posibles, ha hecho de Manizales un ejemplo de lo que debe ser una “ciudad resiliente”. Este proceso de prevención, adecuación y adaptación de muchas décadas, en el cual la academia ha jugado un papel fundamental y protagónico en la gestión del conocimiento, ha sido de especial interés de especialistas internacionales, en los últimos veinte años, debido a que la gestión del riesgo, en muchas partes del mundo, es la gran ausente en la planificación del desarrollo y no ha sido, justamente, una política ineludible, como cualquiera lo podría pensar, en los procesos de transformación y búsqueda de sostenibilidad; incluso, a pesar de ser obvia para cualquier analista o planificador urbano. El conocimiento científico, técnico y social para la intervención de amenazas naturales, la reducción de la vulnerabilidad de la población y sus bienes expuestos a deslizamientos, inundaciones de alta montaña, erupciones volcánicas y terremotos, ha sido fundamental en Manizales para la toma de decisiones en las condiciones incertidumbre; es decir, las condiciones que caracterizan el riesgo en un entorno natural complejo y desafiante. 

El desarrollo de técnicas de construcción peculiares y propias, como el bahareque de guadua y madera, al que se le denominó “estilo temblorero” desde el siglo xix, resultado de la sismicidad en la región; la construcción de estructuras emblemáticas, como la Catedral Basílica, debido a la ocurrencia de incendios y sismos; la construcción de obras ejemplares de estabilidad de laderas, canalización de aguas y el fomento de ecoparques por parte de cramsa y de, la hoy, Corpocaldas; la visionaria elaboración de normas de sismorresistencia, microzonificación sísmica y de estudios de amenazas naturales como determinantes para la planificación territorial y la reubicación de asentamientos humanos; y el monitoreo de su alta pluviosidad, de su actividad sísmica y volcánica, hacen de Manizales un caso singular.   

En los últimos años la Universidad Nacional ha desarrollado y actualizado la forma como se deben incorporar las amenazas, el riesgo y la gestión del riesgo en el plan de desarrollo de la ciudad, en el plan de ordenamiento y manejo de la cuenca (Pomca) del río Chinchiná y en su plan de ordenamiento territorial (pot); este último recientemente aprobado y considerado como ejemplo nacional por su innovación y enfoque frente al riesgo y la adaptación al cambio climático. De igual forma, Manizales actualizó la estrategia de respuesta a emergencias, el plan municipal de gestión del riesgo y los mapas asociados con investigación sísmica, geotécnica e hidrológica de la ciudad. Amplió el monitoreo hidrometeorológico y sísmico, con un mayor número de estaciones automáticas en tiempo real, para mejorar los sistemas de alerta y la respuesta de la ciudad en caso de desastre. También con el apoyo de especialistas, Manizales revisó el programa de seguro colectivo de desastres, para ampliar su cobertura, sin costo para los estratos socioeconómicos más pobres y actualizó la estimación holística del riesgo de la ciudad, considerando aspectos ambientales, sociales y económicos. Así mismo, promovió la información pública en el tema y la educación. Estas actividades se han llevado a cabo con el apoyo de Corpocaldas, con recursos de la sobretasa ambiental para la gestión del riesgo, aprobada por el Concejo Municipal en 2009 y prorrogada en el 2017 para mantener la ciudad a la vanguardia y con el compromiso de buscar nuevos recursos para avanzar en nuevas investigaciones y ampliar y consolidar sus sistemas de monitoreo, pronóstico, alerta con tecnologías de punta, modelos analíticos robustos a nivel del estado del arte y con el trabajo comunitario ineludible y necesario para conseguir elevar su efectividad. 

En Manizales se ha podido demostrar que la gestión del riesgo de desastres sólo es posible si se logra la convergencia entre el trabajo técnico y científico, la voluntad político-administrativa y la aceptación de la comunidad. Es una ciudad donde el fortalecimiento de la ciencia y la tecnología en la reducción del riesgo de desastres, la difusión del conocimiento sobre sus causas, la participación de la población en los procesos de planificación, el respeto por el ambiente y las condiciones geográficas, topográficas y climáticas del municipio, y el trabajo interdisciplinario e intersectorial han contribuido al mejoramiento de la calidad de vida, la reducción de la vulnerabilidad de las comunidades y a proteger el desarrollo económico y social del municipio. Con el objetivo de lograr la maximización del desempeño y la efectividad de la gestión del riesgo, el desafío que tiene Manizales es consolidar las buenas prácticas y seguir siendo, con el apoyo de la academia un ejemplo para otras ciudades y países con problemas de riesgo similares. De la teoría a la implementación siempre ha existido una gran brecha en el tema de la gestión del riesgo, al punto de que en muchos lugares del mundo se considera que la gestión del riesgo no es viable. Manizales ha sido un buen laboratorio para señalar que los objetivos de la gestión del riesgo son factibles, y que la academia puede jugar un papel protagónico, cuando la política pública se fundamenta en sus aportes conceptuales y en sus contribuciones técnicas. Así lo demuestran los avances en la materia de la ciudad.

Los muertos que se evitaron en Manizales durante los episodios de lluvias extremas que generaron saturación y licuación instantánea de suelos y rápidos deslizamientos generalizados en toda la ciudad, a mediados de abril del 2017, son por un lado el resultado de un esfuerzo notable y el reconocimiento de que los desastres son riesgos mal manejados, pero por otro lado son el reto de lograr seguir avanzando y la necesidad de no bajar la guardia, pues la ciudad no está blindada ni es inmune y tiene aún sitios con altos niveles de vulnerabilidad y riesgo. Este desafío implica no sólo continuar con el esfuerzo inter-institucional que se ha tenido hasta ahora, sino que se debe contar con el decidido apoyo del gobierno nacional y de las entidades que deben acompañar a Corpocaldas, la administración municipal, la academia y los gremios y profesionales de ingeniería, arquitectura y construcción en el empeño de lograr que Manizales se mantenga como el ejemplo de lo que debe ser una ciudad resiliente.